Su mecanismo se ríe de ti, de todos nosotros. Hay que terminar con ellos, nos están contaminando con sus minutos, nos adormecen con sus cuartos, las horas nos ahogan. Créeme, tú eres pequeño y sabes menos de la vida, yo ya he pasado por muchas dictaduras de esferas y manillas que ahora estarán oxidadas.
¡Relojes, harpías del tiempo! ¡Relojes, harpías del tiempo!

lunes, 13 de noviembre de 2017

OVACIÓN Y VUELTA AL RUEDO




En una sala fría, un hombre serio, con bata y guantes blancos, observa a una serpiente con la cabeza machacada. El hombre pone música clásica. Coloca al reptil en una posición ventrodorsal y, con un bisturí, hace una incisión desde el cuello a la cloaca. Suda. Suda mucho. Frente, cejas… Con la manga de la bata, se quita el sudor. No dañaré ningún órgano, piensa. Con pinzas y tijeras, separa piel y músculos. Lo hace con mimo, casi con cariño. Al terminar, admira su trabajo. Limpia la mesa y coloca una lámina de corcho del tamaño del animal. Encima de la lámina sitúa el cadáver. Coge unos alfileres gruesos y pincha la piel, uniéndola al corcho. Despacio, con paciencia; siguiendo el curso de aquel cuerpo alargado. Primero, el lado izquierdo; después, el derecho. Al concluir, hace unas fotografías. Apaga la música y enciende una videocámara. Comienza la grabación. Expone las características del ofidio, añadiendo que ese ejemplar les llegó con la cabeza machacada. «Normalmente mueren de causas naturales.» Señala los órganos. «La tráquea», dice, «está formada por anillos cartilaginosos incompletos, su porción ventral es rígida y el extremo dorsal es de naturaleza membranosa.» Fija la vista en el pulmón derecho y lo señala. «Casi abarca todo el cuerpo.» Secreciones, mucosidad, un color blanquecino demasiado rojo. Mira a la cámara y habla de ello. Problemas respiratorios, piensa. Muestra el izquierdo, más pequeño, diciendo que el funcional es el derecho. No así en el resto de reptiles. Con las pinzas mueve el corazón, mostrando ventrículo y aurículas. «Esta movilidad», indica luego, «facilita el paso de la presa por el esófago». Se imagina cómo esa telilla tan fina, se dilata y por ahí pasan ratones, sapos, pájaros… Una digestión que puede durar días, incluso meses. Muestra el tubo digestivo; de la boca a la cloaca. Explica que el jugo gástrico de las serpientes, al tener un pH muy ácido, le permite digerir los huesos de sus presas. Con las pinzas palpa el estómago, que tiene aire dentro. Se fija en unos puntos blancos, posibles parásitos, y hemorragias. Más golpes, piensa. «No hay cuerpos de grasa. Está muy por debajo de su peso. El hígado parece sano.» Sitúa la vesícula biliar junto al páncreas y el bazo. Muestra dos riñones lobulados. Al dar con los ovarios, comenta que es hembra y explica las diferencias. Añade algo sobre los intestinos y se despide. 
Apaga la videocámara. Se enjuga el sudor y pone la música. Cierra los ojos. Los arpegios lo envuelven. Se quita los guantes y se acerca al reptil. Palpa los anillos cartilaginosos de la tráquea. Tan flexible, tan elástica. La rodea con los dedos y se ríe, mostrando unos dientes pequeños. Luego, hinca sus uñas y aprieta. De un tirón, la arranca. Se lleva un extremo a la boca y, con los dedos ligeramente arqueados, toca. Allegretto. Tres por cuatro. Laa sol si la sol si laaaaa sool fa sol fa mi reeeee… Cuando se cansa, tira la tráquea al suelo y escruta el cadáver. Coge las pinzas que mueve como si dirigiese una orquesta. Detiene el brazo y, fijándose en la víctima, lo extiende como si blandiera una espada. Clava las pinzas en el hígado. Una y otra vez, hasta despedazarlo. Quedan trozos pegados a sus dedos que se limpia con el trapo. La melodía le deprime. Hay que seguir, seguir… Ahora agarra… las tijeras y trocea la vena cava. Se excita. Imposible parar. Mete los dedos en el estómago. Acaricia sus paredes musculares. Aplasta con los nudillos la vesícula biliar, ese saco verde que le repugna. Extirpa ovarios, riñones, páncreas y bazo. Luego, taconea sobre las masas viscosas con zapatos grandes y negros. Oye los aplausos. Escucha los oles, que braman. Se debe a su público. Coge los instrumentos. En la mano izquierda, las tijeras; en la derecha, el bisturí. Acerca las manos y alza los codos. Se sitúa frente al animal. Con los pies juntos inclina el cuerpo hacia un lado, da un salto, y clava tijeras y bisturí en el tubo digestivo. Aplauden, gritan. Saluda a la afición. Sujeta el trapo por la espalda con ambas manos, da medio giro, y lo levanta deslizándolo por el lomo de la serpiente. ¡Olé! El hombre se pone de rodillas con el trapo extendido sobre el suelo. Lo alza pasándolo de izquierda a derecha sobre la cabeza del reptil. ¡Olé, olé! Se levanta y saluda. Gritan su nombre, lo quieren. Mientras remata una verónica, sabe que no puede retardarlo más. Coge el bisturí y se concentra. Mira a la serpiente. Le corre un sudor frío. El estoque de muerte. Se lo debe. A su público. Se lo debe. Segundos, apenas unos segundos, y el hombre atraviesa el corazón del animal y lo extrae. Oye los vítores, las ovaciones. Se pasea por la sala empuñando el bisturí con el corazón ensartado. La multitud agita pañuelos blancos. El presidente otorga la lengua. El hombre abre la boca aporreada de la serpiente, estira la lengua del reptil y le da un tijeretazo. Rodea la mesa de zinc alzando la lengua bífida. El público brama. Le tiran claveles, tangas rojos, negros que coge y huele mientras piensa en la próxima disección.


                                                                                      

miércoles, 12 de abril de 2017

ENTREVISTA EN "NARRATIVA BREVE"


Francisco Rodríguez Criado: Relojes muertos es una novela intensa, volcada en el estudio psicológico de personajes intempestivos, algo así –creo yo– como un ensayo narrativo sobre los oscuros recovecos de la psiquis. La novela nos permite asomarnos desde un balcón cercano a los mundos interiores, tormentosos, de personajes rayanos en la locura. Me gustaría saber de dónde procede tu interés por la locura (al menos como tema literario), y en qué te has apoyado a la hora de retratar psicológicamente a los personajes del libro. 
Eva María Medina: Que consideres mi novela como un ensayo narrativo sobre los oscuros recovecos de la psiquis, me halaga. No recuerdo dónde leí que los temas, las historias eligen al autor, y no al contrario. En la escritura el inconsciente juega un papel relevante, llevándonos por caminos que nunca pensaríamos que transitaríamos. A mí este tema siempre me había interesado, muchos de mis relatos —como «Tan frágil como una hormiga seca» y «Ser el otro»— comparten esta misma obsesión.
Me preocupa esa línea tan fina que existe entre cordura y locura, lo fácil que es traspasarla y verse al otro lado. Me inquieta el sufrimiento de los enfermos mentales, el rechazo social, lo difícil que es la convivencia con ellos, el ostracismo al que la propia enfermedad y la sociedad los retrae, la frustración del que quiere ayudar y no sabe cómo… Quería ponerme en la piel de un esquizofrénico, hacerme las preguntas desde dentro del personaje, y contestarlas, o intentar hacerlo, dejando puertas abiertas para que el lector libremente las cruzase.
Para conseguir meterme en la piel del personaje principal, y de algunos secundarios, para crear personajes verosímiles, tuve que documentarme sobre las enfermedades mentales, en especial la esquizofrenia. Me fueron de gran ayuda ensayos como Sobre la locura de Fernando Colina o Genio artístico y locura. Strindberg y Van Gogh de Karl Jaspers, donde su autor desarrolla un estudio comparativo de las trayectorias vitales y artísticas de Strindberg, Swedenborg, Hölderlin y Van Gogh, incluyendo una indagación estricta sobre las relaciones entre locura y creatividad artística. Sin embargo, fueron los libros de ficción que abordaban este tema los que más me influyeron. Grandes novelas como El atestado de J.M.G. Le Clézio, Mi alma en China de Anna Kavan, Huida a las tinieblas de Arthur Schnitzler, Sophia de Colin Thubron, Delirio de David Grossman, Inferno de August Strindberg, Alguien voló sobre el nido del cuco de Ken Kesey, Delirio de Laura Restrepo, y Tierra de David Vann.
Estas y otras lecturas me acercaron al problema subrayándome aspectos de su psique comunes en estos enfermos: sus alucinaciones (sobre todo auditivas), el desdoblamiento que pueden llegar a sufrirsu relación directa con un ser superior, que suele ser Dios, llegando incluso a sentir a ese ser superior dentro de ellos («Una especie de religión se ha creado en mi interior», nos cuenta el narrador protagonista de Inferno de Strindberg). Alteraciones en la percepción: objetos que se trasforman y les hablan, «una farola canta» en Inferno; «el blanco, al moverse, se animaliza. El negro se negrifica» percibe Adam, el personaje principal de El atestado de Le Clézio, el cual también escucha «el murmullo de una caída vecina de motas de polvo, en alguna parte debajo de un mueble.» Se creen víctimas viviendo un destino prefijado; carteles, señales, anuncios o sueños predicen su destino. Reciben malos o buenos augurios. A veces se sienten dirigidos por otra persona. El loco, al igual que el alcohólico, tiene momentos de una afinada cordura, pero también sufre embotamiento. Manía persecutoria, vértigo, mareos, angustia, insomnio, obsesiones, miedos, premoniciones, ansiedad, ira, tendencia a discutir, violencia y desinhibición (se impone el inconsciente, rompiéndose el encorsetamiento civilizatorio) suelen formar parte de su vida.
El psiquiatra y ensayista Fernando Colina en su libro Sobre la locura nos explica:
«En su polo esquizofrénico, en cambio, es el temor al contacto con el otro, vivido como invasor y maléfico, lo que le arrastra a la soledad pasiva y al desinterés por el mundo. Pero también el esquizofrénico puede reaccionar en sentido contrario, cuando a veces se agita y se disocia en una vertiginosa movilidad que no encuentra motivación».


Para leerla completa: https://narrativabreve.com/2015/03/entrevista-a-eva-maria-medina.html

miércoles, 5 de abril de 2017

ENTREVISTA EN "MISIVAS PARA POE"

—Más adelante te preguntaré por tus libros de cabecera, los que siempre llevas contigo; pero noto cierta influencia kafkiana en tus escritos. Mucha de tu producción literaria tiene que ver con lo onírico, con alucinaciones extrañas de los personajes, con esa parte oscura que tenemos los seres humanos… ¿Es cierto que muchos de tus escritos se ven influenciados por el autor checo? 



—Sinceramente no lo sé, me resulta muy difícil analizar lo que escribo o del modo que lo escribo. Si muchos de mis escritos, como tú lo consideras,  se ven influenciados por Kafka, es totalmente inconsciente. Es uno de mis autores predilectos porque la esencia de su literatura está muy ligada a mis preocupaciones más íntimas: incomunicación, soledad, alienación… Confieso que cuando, en mi adolescencia, leí por primera vez a Kafka, algo en mi interior se quebró. Me zambullí en esa zona fronteriza entre el sueño y la vigilia; y en ese mundo inhabitable, incomprensible, me sentí desvalida, desorientada. El dolor, el desespero, la frustración de sus personajes los hice míos. Ahora, cuando releo sus relatos, estos siguen removiéndome. Solo la gran literatura puede hacerlo, y Kafka lo hace, y de qué modo. 



















Para leerla completa: http://misivasparapoe.blogspot.com.es/2017/04/entrevista-la-escritora-eva-maria.html

miércoles, 22 de marzo de 2017

RESEÑA DE "RELOJES MUERTOS" EN LA REVISTA ÁGORA 127

Relojes muertos, de la narradora madrileña Eva María Medina Moreno, me sumergió en un laberinto a la vez tenebrosa y luminoso que reafirmó mi convicción de que los rostros de la realidad son múltiples, y para desentrañarlos se requiere de más de una atalaya de observación, una de las cuales es la de la locura.




Al final de la lectura de Relojes muertos Eva Medina te ha convertido en su cómplice literario y el lector ha aceptado el juego.

Luis Rico Chávez




Para leerla completa: http://www.agora127.com/cul17ricor.html

martes, 7 de marzo de 2017

NUEVA RESEÑA

 Esa forma suya de escribir, de contar una historia, me descoloró de una manera tan asombrosa que recordé los relatos de Kafka. 
  
Y lo hace de una manera sutil, con frases cortas, a veces solo con palabras que se van quedando encerradas entre signos de puntuación, que se van quedando aisladas, pero que son imprescindibles para que su ritmo narrativo sea vertiginoso en muchos momentos, para que el lector quede enganchado en esa atmósfera de incredulidad esquizofrénica que acompaña a Gonzalo, que nos asoma a sus recuerdos, muchas veces frustrados e irreales. 
   Enrique Eloy de Nicolás


  Para leerla completa: http://misivasparapoe.blogspot.com.es/2017/02/resena-literaria-de-relojes-muertos-de.html

viernes, 10 de febrero de 2017

NUEVA ENTREVISTA

¿Qué novela de las que hay escritas te hubiese gustado escribir y por qué? Hay muchas novelas que me hubiese gustado escribir. Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, El castillo de Frank Kafka, En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, El maestro y Margarita de Mijaíl Bulgákov, Rayuela de Julio Cortázar. La náusea de Jean-Paul Sartre. Y cualquier novela de Albert Camus, L.N. Tolstói, F. Dostoyevski, William Faulkner, Virginia Woolf, Clarice Lispector, Sandor Márai… Pero si tengo que elegir solo una, sin lugar a dudas sería Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, un tratado de la vida humana, un libro intemporal en el que está todo. Además de las múltiples historias que encierra esta novela, la relación entre caballero y escudero —cómo uno influye en el otro, cómo van forjando su amistad a pesar de sus diferencias y su egoísmo— me parece sublime. Dos personajes, para mí, entrañables. Para leerla completa: http://mgarvisa.blogspot.com.es/2016/12/hoy-entrevista-con-eva-maria-medina.html

jueves, 10 de noviembre de 2016

RESEÑA DE "RELOJES MUERTOS" EN "MALETA DE LIBROS"

Primera novela, ‘Relojes muertos’ (Playa de Ákaba. 2014), de la madrileña Eva María Medina. Prologada por el escritor Juan Manuel de Prada, en las 165 páginas la autora ha logrado articular una historia con precisión de relojero. Desde las primeras páginas se advierte ya esa economía de cualquier exceso retórico, de ornato; frases cortas, contundentes, directas.

El narrador y protagonista de esta historia es Gonzalo Márquez, le conocemos en el hospital, le acompañamos cuando sale, cuando intenta retomar el tiempo perdido antes de su internamiento, enfrentarse a la vida buscando el sentido de sí mismo y cuanto le rodea. Le vemos a través de sus ojos casi pegados a sus retinas, también le escuchamos, le percibimos a veces a ritmo de reloj. El tic tac de la cotidianidad enfrentada con los demás, con los nimios detalles que llegan a él, a magnificarse en él frisando la sutil frontera entre realidad y esquizofrenia, entre vivido y soñado. 

Gonzalo va palpando los estertores de un tiempo distinto, un devenir con tintes trágicos, un monólogo interior para entender y entenderse. Llega a preguntarse ‘Entonces, ¿qué hemos de elegir? ¿El peso o la levedad?’ al hilo de la lectura de Milan Kundera, de la novela ‘La insoportable levedad del ser’, presente en sus reflexiones.

 La memoria, los recuerdos, el tiempo y la percepción de la realidad cuando afirma: ‘Solo quedaba la memoria, resignarse a los recuerdos, tan volátiles’. Y de entre esa amalgama surge el ‘desdoblamiento’ para componer su identidad a ojos del lector, la mirada que mira, pues él mira, observa, indaga y sigue viendo al cerrar los ojos o con los ojos abiertos.

 Una novela corta, brillante por su argumento y trazado narrativo, ágil y al punto, reflexiva.

Ginés J. Vera

Fuente:http://librosenlamaleta.blogspot.com.es/2016/08/relojes-muertos-de-eva-maria-medina.html

domingo, 10 de abril de 2016

RESEÑA DE "RELOJES MUERTOS" EN "DE LIBROS Y LECTURAS"

RELOJES MUERTOS de Eva María Medina viene a demostrar que en una novela corta se puede llegar a conseguir mucho  más que en una de tropecientas páginas.

Relojes muertos es el título de un famoso cuadro de Salvador Dalí. El protagonista de la novela es Gonzalo y está loco. Y eso, la locura es el tema de esta novela. Un tema difícil que Eva ha resuelto poniéndose en el lugar de Gonzalo mediante la primera persona en la narración.

Gonzalo acaba de salir del hospital e intentará retomar su vida normal. El problema es saber qué es real y qué es inventado, qué es un sueño. 

La novela tiene dos partes bastante claras. En la primera de ella, Eva nos cuenta el proceso de la enfermedad de Gonzalo durante su estancia en el hospital. Su salida y su intento, más o menos acertado de vivir en el mundo real. Su intento por rehacer su vida con Ángela, a la que conoce en el hospital por medio de un amigo. 

En la segunda parte Gonzalo vive más en un mundo onírico, confundiendo ambos mundos. El camino de la locura se hace más notorio, igual que su declive hacia el deterioro. El tiempo parece detenerse a lo largo de la narración, como si estuviera muerto. El mundo agobiante de Gonzalo, su confusión, su obsesión por Sara, de quien no sabemos nada , su búsqueda constante del tiempo pasado. Los personajes son complejos y muy humanos, todos ellos con su tragedia personal a cuestas intentando sobrevivir en un mundo que no acaban de comprender.

La narración es ágil, sin artificios, con frases cortas que proporciona mucha velocidad a la lectura y te hace entrar de lleno en la mente irreal de Gonzalo. Eso no quiere decir que la narración sea dura y extrema. Hay fragmentos líricos y descripciones hermosas. 

Para ser su primera novela, Eva María Medina demuestra que sabe perfectamente cómo manejarse en la literatura.