Su mecanismo se ríe de ti, de todos nosotros. Hay que terminar con ellos, nos están contaminando con sus minutos, nos adormecen con sus cuartos, las horas nos ahogan. Créeme, tú eres pequeño y sabes menos de la vida, yo ya he pasado por muchas dictaduras de esferas y manillas que ahora estarán oxidadas.
¡Relojes, harpías del tiempo! ¡Relojes, harpías del tiempo!
¡Relojes, harpías del tiempo! ¡Relojes, harpías del tiempo!
domingo, 22 de noviembre de 2015
viernes, 20 de noviembre de 2015
SERGIO RAMÍREZ, PREMIO CERVANTES 2017, EN LA PRESENTACIÓN DE "RELOJES MUERTOS"
El escritor Sergio Ramírez y su esposa Tulita felicitándome
Edmundo Martínez agradeciendo la presencia de Sergio Ramírez
Puedes comprar el libro en: http://www.agapea.com/libros/Relojes-muertos-9788416216253-i.htm
Etiquetas:
Cristina Gufé,
Edmundo Martínez,
fotografías,
Librería Gil,
Premio Cervantes 2017,
presentación novela,
Relojes muertos,
Sergio Ramírez
jueves, 19 de noviembre de 2015
miércoles, 18 de noviembre de 2015
RESEÑA DE "RELOJES MUERTOS" POR PEDRO M. DOMENE
I
Ingenio
“El ingenio consiste en apreciar el parecido de cosas que difieren entre sí, y la diferencia de cosas entre sí iguales”.
Madame de Staël
… me gusta
Relojes muertos
Eva María Medina (Madrid, 1971) entrega su primera novela, Relojes muertos (2015) y, desde las primeras páginas, se percibe un firme pulso narrativo que nos sumerge en un extraño mundo, sus personajes viven entre una realidad inmediata y el abismo de la locura, una suerte de auténtico torbellino vital con una existencia marcada por la esquizofrenia, y el deseo único de otorgar sentido a una mísera vida.
La narradora madrileña ha arriesgado mucho en su primer proyecto extenso, y abordar el tema de la locura resulta una apuesta interesante que recuerda a ilustres antecedentes, que no son necesarios cuantificar, aunque en una primera impresión, deberíamos matizar, Medina sale airosa, y en ese puzzle de imágenes y metáforas que componen Relojes muertos sobresale el hilo narrativo, y un profundo halo de humanismo deja un buen sabor de boca a la hora de avanzar por sus páginas. La vida del protagonista Gonzalo se concreta en una serie de vivencias y actuaciones que se mezclan en su existencia, y pasan de una absoluta cordura a una autentica locura en sus actuaciones y sucesivas opiniones; pese a todo, el personaje, aflora como alguien inteligente capaz de sobrevivir tan solo en la vida de los demás, sin llegar a intensificar el significado de la suya propia, y así será capaz de imaginarla sin que por ello ponga remedio alguno. Es así como, tal vez, cierto sector de la sociedad vea a algunos individuos, y solo cuando alguien se interese por nosotros, justificamos nuestra presencia, caso de Ángela, quien sustenta la vida de Gonzalo, le otorga credibilidad y da los primeros pasos para convivir juntos y otorgarle un sentido a su vida. Aunque a medida que transcurre el tiempo, el personaje irá encerrándose aun más en su mundo, se convierte en alguien intransigente y violento y parece vivir en ese mundo de los sueños, donde todo parece real aunque desaparece cuando uno despierta.
El resto de la historia muestra a unos personajes que viven las misma histeria, y sin duda la alusión a “relojes muertos” se deba precisamente a que se comportan como tales, viven en una atormentada irrealidad marcada por un relojes que ya no marcan las horas, o les llevan solo a imaginar y nunca consiguen alejarse de una tragedia obsesiva que condiciona sus vidas y nunca les permite alejarse del sinsentido de una locura colectiva. Como en la novela, en nuestra lectura nos vamos deteriorando, al igual que su protagonista, Gonzalo que irá viendo como se aleja de Ángela, de sus compañeros del trabajo y de su pequeño mundo, en un progresivo deterioro que terminará por destruirlo totalmente. Y solo así comprendemos y diferenciamos las dos posibles partes de Relojes muertos, una novela ambiciosa y compleja, una primera cuando se describe el proceso de la enfermedad y de su estancia hospitalaria con su vuelta a un mundo que le resulta ajeno, y la segunda, esa realidad cotidiana donde el mundo del ensueño y las percepciones subjetivas se abrirán paso para ensayar una narración diferente que, no obstante, oprime aun más la voluntad del narrador y, al mismo tiempo, la del lector, aunque de esa curiosa simbiosis resulta lo mejor de la novela.
RELOJES MUERTOS
Eva María Medina
Madrid, Playa de Ákaba, 2015
Publicado por Pedro M. Domene
Fuente: http://acabodeleerymegusta.blogspot.com.es/2015/02/eva-maria-medina.html
Puedes comprar el libro en: http://libros.fnac.es/a1086390/Relojes-muertos
martes, 17 de noviembre de 2015
RESEÑA DE "RELOJES MUERTOS" EN "SUPLEMENTO DE LIBROS"
Reseña y crónica de la presentación en FNAC en la revista mexicana «Suplemento de Libros» de la novela de Eva María Medina, Relojes muertos (Playa de Ákaba, 2015).
Relojes muertos es un thriller psicológico “con una intensidad a veces poética. En este libro hay una voz que se construye con la síntesis, la elipsis y con la intensidad. Es un desafío por la historia que tiene entre manos por esa desnudez y renuncia a recargar el texto de elementos”, por lo que, en palabras del editor, resulta un debut pertubador.
Puedes leer el resto de la reseña en el enlace que sigue.
Puedes comprar el libro en: http://www.agapea.com/libros/Relojes-muertos-9788416216253-i.htm
lunes, 16 de noviembre de 2015
RESEÑA DE "RELOJES MUERTOS" EN LA ORILLA DE LAS LETRAS
Reseña de RELOJES MUERTOS, de Eva María Medina
Título: Relojes muertos
Autora: Eva María Medina
Edita: Playa de Ákaba
Páginas: 165
Precio: 15 € / 1,99 € (epub)
¿Qué lleva a una persona tranquila, con una vida corriente, a acabar en un psiquiátrico? ¿Y qué la hace salir cuando no se puede decir que esté del todo curada? ¿Podrá esa persona volver a la sociedad que dejó con normalidad? ¿Qué impedimentos externos e internos encontrará para ello? ¿Responderá a todas estas preguntas Relojes muertos, la novela de Eva María Medina publicada por Playa de Ákaba de la que pienso hablarte a continuación?
Gonzalo vuelve a casa acompañado de Ángela, la amiga de la novia de otro interno del psiquiátrico. Con ella comienza una relación amorosa que no acaba como Gonzalo espera. Así, Ángela pasa de la noche a la mañana de ser su verdadero amor a convertirse en una bruja, de la que no sabe cómo deshacerse. ¿Será por la rutina, como él quiere creer, o por el recuerdo de Sara, una mujer de la que Gonzalo estuvo enamorado antes de acabar interno? Pero, ¿qué es lo que ha pasado con Sara? ¿A dónde ha ido? ¿Dónde está?
El otro interno del que hablaba antes es Gregorio, un personaje que merece destacar, pues si poco se entiende que le hayan dado el alta en el psiquiátrico a Gonzalo, menos aún a Gregorio. Gregorio tiene muchos problemas, y Gonzalo ve poco a poco que su amigo no podrá cambiar jamás fuera del hospital. Lo que no quiere ver Gonzalo es que a él le pasa algo parecido, que sus “locuras” se parecen demasiado, hasta el punto de confundirse.
Gonzalo es el único narrador de esta delirante, claustrofóbica (en cuanto a lo de estar encerrados, mientras leemos, en el mundo de Gonzalo se refiere), a la par que cinematográfica historia. Su forma de expresarse, su vocabulario, sus metáforas, son propias de una persona que ve el mundo de una forma muy diferente al resto de los componentes de la sociedad. El ritmo de la narración va in crescendo. Para mí, sin duda, lo mejor viene de la mitad del libro en adelante, hasta llegar a un final caótico, confuso, lleno de incógnitas resueltas y otras por resolver, que nos hace entender que Gonzalo no va a cambiar por más que lo intente.
Y de fondo, siempre de fondo, extraños relojes que captan la atención del protagonista. ¿Por qué están ahí? ¿Qué mensaje ocultan? ¿Quizá tengan alguna relación con el final de la historia? Tendrás que leerla para averiguarlo. ¿Te atreves a adentrarte en el mundo de Gonzalo?
Cristina Monteoliva
ENLACE:http://laorilladelasletras.blogspot.com.es/2015/02/resena-de-relojes-muertos-de-evamaria.html
Puedes comprar el libro en: https://www.elcorteingles.es/libros/libro/relojes-muertos-9788416216253
viernes, 13 de noviembre de 2015
RESEÑA DE "RELOJES MUERTOS" EN RETALES COLOQUIALES
Eva María Medina Moreno (Madrid, 1971) acaba de publicar su primera novela, Relojes muertos (Playa de Ákaba, 2015): la extroversión de un ezquizofrénico en la introspección de una sociedad animal, no acorde a la locura.
“Hay una especie de reflejo automático
en eso de hablar de la muerte
y mirar en seguida el reloj”
(La Tregua, Mario Benedetti)
Esta información, de la solapa, me recuerda el momento en que conocí a E. M. M. M. (sus siglas ya invitan a la reflexión) en Santander, hace un par de años, en un curso cuyo título ya presagiaba lo que ahora edita Playa de Ákaba: “Cómo se escribe un buen texto”. Seguramente lo último que hay que hacer para escribir un buen texto sea ir a clases de este tipo. Alicia Giménez Barlett decía el viernes en el #CadaCual2015del ADDA que “lo que hay que hacer para escribir un buen texto es leer”. Y en Relojes muertos se aprecian las lecturas de Eva: referencias literarias (La náusea, de Jean Paul Sartre; La transformación, de Kafka o La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera), musicales (desde Ella Fitzgerald y Louis Armstrong a AC/DC), escultóricas (como las muñecas “Kachina”) y pictóricas (“Xaime Naveira”).
Un ejemplo de la conjunción de estas artes ‒de estos sentidos, de donde beben los dalinianos relojes de Eva‒ es el siguiente plato:
El olor a mar y a pimentón me hizo bajar la mirada. El violeta y blanco del molusco, el amarillo de los cachelos, los granos transparentes de sal gorda, el granate del pimentón y el brillo verdoso del aceite de oliva. Todo esto sobre una tela de madera. Me agaché para subirme unos calcetines inexistentes y sonreí pensando en lo que hacía la costumbre, como aquellas personas que, después de haberse operado para quitarse las dioptrías, seguían subiéndose las gafas (57).
El verano pasado vi a Eva Mª participar en el curso “Literatura y locura: los límites habitables” que organizó Raúl G. Gómez en la UIMP, e intuí que los relojes muertos estaban en funcionamiento (dos veces al día, como mínimo)[1].
¿Cómo puede reaccionar quien lee Relojes muertos? Eva nos da una pista: sonriendo «lúcida, retraída, descabezada, escénica[mente]» (136). Hagan como Gonzalo, el protagonista: si el número de palabras de esta frase es par, arriesguen(se).
El editor Lorenzo Silva acompañó a la autora (Eva María Medina Moreno) y al prologuista (Juan Manuel de Prada) en la presentación del libro, que se celebró hace un mes en Fnac Callao:
Lorenzo Silva destacó entonces la voz (que no el estilo) de Eva, como una forma de narrar el ritmo, los paréntesis y las imágenes (la novela está repleta de fotogramas) que caracterizan a los personajes, logrando así atraer a quien lee o escucha (porque Relojes muertos merece la oralidad).
Juan Manuel de Prada prologa a Medina Moreno del siguiente modo:
Los personajes que pueblan la novela de Eva Medina nos asustan y a la vez nos enternecen, porque se aferran con uñas y dientes a aquello que amaron y que su locura no ha podido borrar, o, por mejor decir, no se ha borrado de sus corazones porque su locura los amarra a ese tiempo que ya no miden los relojes averiados de la realidad (13).
Además del cuestionamiento (in)humano, de la adaptación social, de la locura, del tiempo, de la muerte y de la riqueza de la cotidianidad, Eva cultiva el erotismo; pero no una atracción sensual y utópica, sino real y esquiva:
Ahora veía más. Las yemas de los dedos, pequeñas linternas que iluminasen algo que solo el tacto pudiera ver. Ese lunar algo abultado del muslo. Los huesos de los dedos de las manos, la piel del talón, los pelos cortos y suaves de los pechos; y esa verruga en la tripa, muy cerca del ombligo (67).
¿Por qué ocultamos el lunar o la verruga? Estamos constantemente cubiertos de pensamientos que (nos) acaloran: «¡Imposible huir de los cubos! Vivíamos metidos en ellos, dentro de otros mayores. Íbamos de casa a la farmacia, al bar, a la oficina, en el interior de autobuses, coches y metro. El metro era la gran muñeca rusa y Dios, quien movía las piezas» (146). Estas inquietudes humanas, que a todos nos envuelven, son domésticas:
Los pensamientos flotando en una materia extraña, algo pegajosa, que va cerrando posibles salidas a nuevas ideas. La madera de los muebles se estira, se oye la carcoma, el cemento entre baldosas se dilata, las cucarachas salen de los desagües, aplastan su cuerpo, metiéndose por debajo de las puertas. La televisión, que parece dormir, hace el ruido del descanso, respirando lo trabajado. Algún papel se abre, desperezándose. Las bombillas se liberan del calor acumulado. Y una gota cayendo, el grifo mal cerrado de la cocina, se une a otra del lavabo. El ruido metálico del fregadero, junto con una caída más suave, algo más acuosa. Cerámica del lavabo, acero de la pila, cerámica lavabo, acero pila. Cierro grifos. Los ruidos cesan, hasta que ese papel que parecía desperezarse ahora cruje, liberándose de esa forma que le he dado (148).
Y aquí es donde ‒sobre todo‒ disfruto cuando leo a Eva (como Millás) analizando la realidad, respondiendo a las llamadas de los objetos. Y digo “sobre todo” porque también me inquieto, me incomodo y me pregunto. ¿El qué? No importa. Lo crucial es pensar en lo distinto o plantearse por qué hay diferencias. Relojes muertos consigue lo más difícil: sentir(nos).
ANIMALES EN RELOJES MUERTOS
Llama la atención, entre otras muchas virtudes de Relojes muertos, la presencia animal (en el mejor sentido de la palabra ‒si es que tiene otros). A continuación recogemos los símiles con los que Eva Mª Medina ilustra las sensaciones de ansiedad, nerviosismo, náusea, transformación...; no porque Eva no despliegue otros registros o porque queramos desvelar el texto o analizar la novela, sino porque, en nuestra opinión, Eva lo borda especialmente con esta técnica, y quizá esta atracción-selección que nos surgió con la lectura sirva para destacar el principal logro de Relojes muertos: empatizar con la locura ‒más presente y menos peligrosa de lo que creemos.
«Toqué los brazos del sillón, rodeándolos con mis dedos, aferrándome al material; esa superficie pinchaba, como los pelos fuertes y duros de un jabalí disecado» (29).
«Al echarse el rímel abría la boca como pez fuera del agua. En la ventana del vagón vi mi sonrisa» (32).
«Luego estuvimos en silencio, hasta que toqué sus hoyuelos y el exterior pareció nublarse, despertándose en mí esa parte animal que no pude acallar. [...] Fui a la cocina. Me costó beber agua. Miré por la ventana. Oscuridad sucia, de ciudad. Me vi como ratón, dando vueltas y vueltas a una rueda interminable, infinita» (49).
«Me sorprendí al verme acuclillado hablándole a una paloma, animal que me repugnaba. Al levantarme pensé si no me estaba volviendo imbécil. Hablar con una paloma, me regañaba una parte de mí[2]. [...] El ruido de un bar me hizo arquear los dedos de los pies, ir más despacio y agudizar los sentidos, como hacen los depredadores cuando descubren una víctima cerca» (54).
«Observé el trasiego de la gente. Entraban y salían de las tiendas como hormigas en sus hormigueros[3]. Sin bolsas, con bolsas, con más bolsas» (67).
«Me costaba trabajar, algo maligno parecía anidar en mi cuerpo, extendiéndose como tela de araña, de forma suave pero pegajosa, que se ramificaría hasta recubrir cada órgano, como tumor que se apodera de las células debilitándolas» (73).
«En mis ojos se repetían las muecas de los compañeros. Yo era el plancton y ellos los peces que me rodeaban, picoteándome. Empecé uno de esos diálogos en los que solía enredarme escindiéndome en dos [...]» (76)
«Analizar el concepto de familia relacionándolo con lo que para cada uno es una familia: animales, amigos, comunidad religiosa» (77).
«Los vivos respirando a sus muertos, sin poder hacer nada, conscientes de que habían dejado de ser humanos, de que ahora eran animales aferrándose a una supervivencia enfangada» (78).
«Oigo risas, pero no veo a nadie. Solo un gato pardo en el tejado. Siempre había pensado en los gatos como seres de otro mundo que revelan nuestro destino. Quizá este animal tenga algo que decirme» (79).
«Ahora los dementes daban vueltas alrededor, como perros sabuesos en busca de su presa» (85).
«Luego recitaría los versos, una, dos, seis veces, arrugando la tela de la mesa camilla y viendo en el espejo su cara, llena de huesos; tan animal, tan estúpida» (86).
«A los pocos minutos, la lluvia cesó. Observé cómo las nubes iban perdiendo ese tono morado, casi negro, y cómo se desligaban unas de otras. Los coches me recordaron a insectos después de una tormenta. El mismo nerviosismo. Como si se hubieran transformado en esas hormigas desquiciadas que iban de un lado a otro, aumentando la velocidad sin saber bien si torcer a derecha o izquierda» (92).
«El encontrarme de frente con esas malditas palomas, y que una de ellas me persiguiese hasta la boca del metro no podía ser peor señal» (100).
«La sentí distinta. Nos besábamos como dos peces que se atacan arrancándose la carne» (101).
«Le di vueltas a su manera de actuar. Iba poco a poco, mordisqueando como las hormigas» (106).
«Unos ojos que se abrían a la luz exhibiendo unas láminas finas, carnosas, como escamas de pez; trozos filamentosos que, según diera la luz, podían ser afilados, punzantes» (107).
«El cabello, que al principio había parecido de un rubio sucio o un castaño desvaído, es en realidad de varios colores, rojo, amarillo, castaño y negro, y cada hebra pasa bajo la luz por una serie de tonalidades, como el pelo de un perro» (108).
«[...] o en el andar de ese hombre, como cangrejo asustado» (117).
«[...] dormía. Me pareció una ameba gigante, con esa envoltura de la sábana. Imaginé cómo iba desplazándose, por el armario, la cómoda; rodeando la cama con su cuerpo pegajoso. Sus brazos, caídos. Su piel, blanquecina. ¿Cómo no me había dado cuenta?» (119).
«Aguantaba, aguanté, hasta ponerme encima de ella y penetrarla. Parecía un animal al que acaban de desenjaular» (121).
«Al entrar en el metro, me vi desde fuera. Bajaba las escaleras de un modo mecánico. Los demás lo hacían igual. Éramos ratones, dando vueltas y vueltas a una rueda interminable, infinita» (125).
«Mientras pensaba en esto, volví mis ojos hacia los zapatos. Parecieron transformarse en dos cuervos, uno picoteando al otro» (126).
«Mis ojos: los de un perro al que acaban de regañar y no se atreve a mirar a su amo» (144).
«Me adentro. Veo láminas acuosas, como escamas de pez abiertas, que se abren ampliando haces; [...]» (154).
«[...] me mira como se mira a un perro que, después de haber desaparecido, vuelve llagado» (157).
«Estoy en cuclillas. Las rodillas me duelen, las piernas me hormiguean» (162).
[1] Espero no abusar de las citas a la primera novela de Eva, pero creo que estas explican directamente qué aporta Relojes muertos a la literatura y a la sociedad.
[2] ¿Presagia esto la próxima novela de Eva Mª Medina, Asesinos de palomas?
[3] Sorprende la frecuencia con la que se alude a las hormigas, del mismo modo que ocurre en la reciente poesía mexicana (en autores como José Emilio Pacheco, Enzia Verduchi o Vicente Quirarte).
Publicado por IGNACIO BALLESTER
Fuente: http://otaler.blogspot.com.es/2015/02/relojes-muertos-de-eva-maria-media.html
Puedes comprar el libro en: http://www.iberlibro.com/servlet/SearchResults?sts=t&tn=relojes+muertos
martes, 10 de noviembre de 2015
RESEÑA DE "RELOJES MUERTOS" EN LA VIDA EN SORBOS
Norma de un buen Club de Lectura es elegir entre sus lecturas a los nuevos escritores. Leer y comentar sobre obras consagradas de la literatura, está bien como proceso de aprendizaje, pero leer y comentar sobre obras recién estrenadas, sobre autores jóvenes que están empezando a darse a conocer, es otra cosa, es contribuir a dar forma a la obra, a configurar la imagen del autor. Por eso me gusta tanto el club de los 1001 Lectores, que ha elegido como lectura del mes de mayo la novela “Relojes muertos” de Eva María Medina (Madrid, 1971).
No tenía ninguna referencia, ni tan siquiera me molesté en leer de qué iba. Sin embargo voté por esta obra porque me pareció sugerente. Eva María Medina ha sido muy valiente. Según he podido saber a posteriori escuchando alguna entrevista (pulsar aquí), Eva llevaba mucho tiempo con este personaje dando vueltas en su cabeza. Provenía de un relato breve que hizo hace unos años y que notó que se le quedó corto, que necesitaba desarrollar en mayor profundidad. Meterse con Relojes muertos, su primera novela, en la mente de un enfermo psiquiátrico y además de un sexo contrario al suyo es de valientes porque no todos los lectores probablemente lleguen a valorar el ejercicio y quizás sean muchos los que no lo entiendan. Eva sin embargo lo hizo y es de halagar.
“Relojes muertos” es un viaje en espiral a través de los ojos de Gonzalo. Un viaje que empieza el día que abandona el psiquiátrico donde había sido ingresado, un lugar donde hay otros enfermos como él, Gregorio, Inma, Ángela,… personajes sin pasado y casi sin futuro, sólo habitantes de un tiempo presente, estático. A partir de ahí empieza a pintarse ese escenario de horas muertas, una atmósfera claustrofóbica que se vuelve mayor aún a partir del momento en que Gonzalo decide no tomar su medicación. En ese momento, realidad y “no realidad” (que no ficción) se entremezclan de un modo caótico y el protagonista empieza a vivir en un mundo al que intenta volver pero del que también necesita huir.
Hablar de “relojes muertos” es hablar de su protagonista. El resto de personajes son planetas orbitando alrededor de él, no están definidos, los vemos cambiar porque los vemos a través de los ojos inestables de Gonzalo, mezcla de pasado y presente. Así busca y llega a encontrar en Ángela rasgos de Sara (a pesar de que no se parecen en nada), una chica que tuvo una relación con Gonzalo antes de ser ingresado y que desapareció misteriosamente. Gonzalo busca a Sara en los rasgos de Ángela, pero también en obituarios de periódicos o lugares comunes que transitó con ella. No la encuentra, no entiende por qué necesita buscarla, no entiende por qué no la encuentra, reacciona con violencia revelándose contra ese mundo al que ha vuelto que es un puzzle al que le faltan piezas. Su posición en estas circunstancias es de escrutador de lo que le rodea, siempre en guardia, interpretando la realidad para lograr que todo encaje. Cansado, muy cansado vivir así, casi imposible.
“El tiempo parece amplificarse, cobrar fuerza. Cada minuto me duele, retumbándome en las sienes”.
Cada minuto, el mismo minuto, unas manecillas paradas, un tiempo muerto. Quizás eso es lo que necesita Gonzalo, tiempo muerto y luego seguir, pero la vida no es así, por suerte.
Publicado por Miguel Angel Brito
Fuente: http://lavidaensorbos.blogspot.com.es/2015/06/relojes-muertos-eva-maria-medina.html
Puedes comprar el libro en: http://www.iberlibro.com/servlet/SearchResults?tn=relojes%20muertos
lunes, 9 de noviembre de 2015
domingo, 8 de noviembre de 2015
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





