Su mecanismo se ríe de ti, de todos nosotros. Hay que terminar con ellos, nos están contaminando con sus minutos, nos adormecen con sus cuartos, las horas nos ahogan. Créeme, tú eres pequeño y sabes menos de la vida, yo ya he pasado por muchas dictaduras de esferas y manillas que ahora estarán oxidadas.
¡Relojes, harpías del tiempo! ¡Relojes, harpías del tiempo!
¡Relojes, harpías del tiempo! ¡Relojes, harpías del tiempo!
viernes, 6 de febrero de 2015
miércoles, 4 de febrero de 2015
RESEÑA DE "RELOJES MUERTOS" EN LETRAS EN VENA
Distinguir la realidad de la ficción ante la esquizofrenia
Por Rubén J. Olivares
¿Qué es realidad y qué es ficción? Todos hemos vivido sueños tan vívidos que hemos tardado segundos tras despertar en distinguir lo soñado de la realidad. El mundo onírico nos atrapa cada noche y nos transporta a realidades tan intensas que nos cuesta distinguir lo real de lo imaginario. Esto mismo es lo que le ocurre al protagonista de la novela “Relojes muertos”, con la salvedad de que él mismo vive en un sueño constante -a menudo pesadilla- en la que es incapaz de distinguir lo real de lo imaginario. Atrapado en un mundo dominado por la esquizofrenia, Gonzalo, el protagonista de este relato, trata de rehacer su vida cacho a cacho tras su salida del hospital mental en el que estuvo ingresado como parte de la terapia para ayudarle a dominar la realidad paralela en la que vive.
Volver a un mundo que no reconoce tras haber pasado un tiempo indeterminado, que él mismo no es capaz de recordar, en un centro hospitalario mental lo han convertido en un ser frágil que trata de adaptarse a la rutina de una vida que le es desconocida. Gonzalo se ha “institucionalizado”, habituado a las rutinas del hospital mental, se muestra dubitativo al inicio de la novela ante la vida nueva que se le presenta ahora que vuelve a estar “libre” y “curado” de su enfermedad mental. Pero lo que debería ser un momento de felicidad se nos va desgranando a medida que avanzamos por las páginas de esta novela en un infierno personal diario al que debe sobreponerse paso a paso. Gonzalo debe aprender a convivir con su pareja, Ángela, retomar la rutina laboral en el banco en el que trabajaba y volver a las rutinas familiares con sus conocidos y amigos. Pero a los esfuerzos que cualquier persona debería hacer, él debe sumar la lucha constante contra su esquizofrenia que lo arrastra poco a poco hacia un pozo de locura y paranoia en la que es incapaz de distinguir entre la realidad y la ficción. Incluso al lector se le hará complicado distinguir, en algunos pasajes, que es la realidad que viven los personajes y que es la ficción paralela en la que Gonzalo se ha introducido, lo que es un mérito por parte de Eva M. Medina, ya que logra arrastrarnos verdaderamente hacia la locura de Gonzalo, haciéndonos dudar y volver sobre nuestros pasos, para entender que lo que estamos leyendo no es la “realidad” de los personajes sino la “ficción” de un esquizofrénico.
Pese a la brevedad de la novela -165 páginas- la autora logra introducirnos en un mundo onírico en el que, si nos sumergimos de lleno en el protagonista, seremos partícipes de la angustia, la congoja, la inquietud y la opresión que vive Gonzalo en su día a día. Eva M. Medina logra atrapar al lector en una red de no-recuerdos, aislamiento y desasosiego de equívocos a nuestros ojos -pero no a los de Gonzalo-, obsesiones y realidades ficticias, argumentos suficientes para acercarse a esta novela, debut literario de la autora. A ello contribuye la escritura de la misma, hecha a partir de frases cortas e intensas, que logran darle mayor velocidad a lo que se nos narra, pese a la sensación de tiempo muerto que levita en algunos párrafos, debido a la atmósfera de irrealidad en la que nos sumerge su protagonista y que se acelera a partir de la segunda mitad del libro, en la que cual nos iremos adentrando con rapidez en el mundo irreal de Gonzalo. Sólo por sentir en nuestra propia piel el mundo de Gonzalo merece la pena leer “Relojes muertos”.Fuente: http://letrasenvena.com/2015/relojes-muertos-de-eva-maria-medina
Puedes comprar el libro en: http://www.iberlibro.com/servlet/SearchResults?isbn=9788416216253&cm_sp=mbc-_-9788416216253-_-all
martes, 3 de febrero de 2015
"RELOJES MUERTOS" EN LA WEB CONOCER AL AUTOR

Eva María Medina habla de su novela Relojes muertos (Playa de Ákaba, 2015) en la web «ConoceralAutor.com». Puedes ver el vídeo en el enlace que sigue.
http://www.conoceralautor.es/libros/ver/relojes-muertos-de-eva-maria-medina
http://www.conoceralautor.es/libros/ver/relojes-muertos-de-eva-maria-medina
lunes, 2 de febrero de 2015
ENTREVISTA EN "TODOLITERATURA" POR JAVIER VELASCO OLIAGA
Entrevista a Eva María Medina, autora de “Relojes muertos”
“Somos nuestros propios dictadores. Somos los que más daño nos hacemos”
Por Javier Velasco Oliaga
Eva María Medina acaba de publicar su primera novela “Relojes muertos” en la editorial Playa de Ákaba y el próximo día 22 de enero la presentará en la FNAC de Callao de Madrid. La acompañarán el editor y escritor Lorenzo Silva y el escritor y prologuista del libro, Juan Manuel de Prada, que le darán la alternativa en este difícil arte de la escritura, que parece estar siempre en crisis.
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“En Relojes muertos he dado todo lo que yo tenía dentro de mí en ese momento”, nos dice nada más empezar la entrevista en un recoleto café madrileño. Esto es algo que se nota en su escritura. Literatura sin concesiones que deja al lector anonadado por lo que cuenta y cómo lo cuenta. Con giros estilísticos novedosos, en la parte formal; pero sobre todo por el contenido que aborda, la locura, complicado donde los haya, aunque hay que reconocer que cuando se aborda este peliagudo tema, se han conseguido grandes obras maestras de la literatura.
Muchos son los autores que ha leído y estudiado para documentarse y escribir su novela. El último que le viene a la mente, es quizá para mí el primero, Ken Kesey, con su Alguien voló en el nido del cuco, que marcó un antes y un después, tanto por la trama como por el autor. Tom Wolfe supo representarlo a la perfección, aunque él siempre estuvo en desacuerdo con el escritor pionero del Nuevo Periodismo. En su libro, al que algunos califican de novela y yo de gran reportaje, Gaseosa de ácido eléctrico, y que la editorial Júcar publicó en los años setenta con la portada original americana, se cuentan algunos de los episodios de locura del escritor de Colorado.
Pero Eva no se queda ahí y señala otras obras cumbres que merecen ser leídas: Inferno, la novela autobiográfica de August Strindberg, Delirio de Laura Restrepo, Tierra de David Vann, Delirio de David Grossman, El atestado de J. M. G. Le Clézio, Mi alma en China Anna Kavan o La nausea de Jean Paul Sartre... Como ven, un ramillete de obras maestras que la autora madrileña ha estudiado, ha desmenuzado para encontrar su propio estilo. Algo que ha conseguido de manera sobresaliente.
“No quería meterme en conversaciones de hospital psiquiátrico, ni ofrecer una visión del mismo, ni siquiera escribir sobre la medicación que han de tomar. No quería una visión desde la institución, sino desde el ser humano y como persona que trabaja. No quería que me ‘ensuciasen’. Lo que quería era meterme en la vida del protagonista”, explica Eva María Medina con precisión, moviendo las manos para enfatizar lo que quiere destacar.
Por eso ha escogido la primera persona para escribir su libro. Se ha metido en la piel de Gonzalo para contarnos una historia que estremece según nos vamos imbuyendo en ella.”Ha sido duro, pero también gratificante, meterme en un personaje masculino. La literatura te permite vivir otras vidas y meterte en la vida de otros personajes”, nos cuenta la novelista mientas saborea un café descafeinado. Para ella la escritura “es como un descubrimiento, un crecer. De ahí que quisiese meterse en la piel de un varón, para vivir esa experiencia”, indica. Todo un reto para una escritora en su primera novela y de la que sale realmente airosa, aunque hubo pasajes que le costaron realmente mucho, como los de sexo. Algo de lo que también sale con desenvolvimiento, porque como ella misma expresa, “me atrae más lo que no soy”.
Sin embargo, reconoce que al principio de la redacción del libro el personaje se le iba de las manos, pero consiguió domeñarlo y encontrar el punto justo para escribir la novela. Al fin y al cabo, “escribir sobre cualquier tema de ficción requiere un aprendizaje”, apunta. Algo por lo que tuvo que pasar asistiendo a varios talleres de escritura, cuenta Eva, que estudio Magisterio y después se pasó a Filología Inglesa. “Nunca pensé que iba a escribir, aunque lo que más me gustaba era la literatura y leer, sobre todo, novelas”, reconoce.
Los talleres de escritura creativa en los que participó le sirvieron para apaciguar sus miedos y ante ella se abrió un mundo nuevo, el de la literatura. Estuvo siete años trabajando en Relojes muertos, modificó lo que le dijeron algunos lectores de su manuscrito y eliminó las partes que no tenían la fuerza necesaria. El resultado es una novela cruda, sin concesiones, pero con mucha alma porque como detalla, “en la escritura te reconoces como eres”.
“Mi tema preferido es el sufrimiento humano y la locura me ha preocupado mucho, porque el enfermo mental sufre y mucho, porque se da cuenta de lo que vive. Es algo parecido a lo que le ocurre al alcohólico. Y la sociedad rechaza sistemáticamente a esas personas”, elucubra la novelista madrileña. El protagonista, Gonzalo, es un fiel reflejo de lo que dice. Es una persona instruida, que lee, que le gusta el cine y todo lo concerniente al mundo cultural. “Pero con su vida no actúa del mismo modo”, apostilla. Es hasta cierto punto un poco cruel consigo mismo. “Somos nuestros propios dictadores. Somos los que más daño nos hacemos”, analiza con lucidez.
Quizá por ello, todas las personas tenemos esa mezcla de locura y cordura. Una frágil línea las separa. A Gonzalo le ocurre precisamente eso. “Él vive su vida a través de los demás. Se imagina su vida, pero nunca hace nada. Es Ángela, por ejemplo, la que da el primer paso para vivir juntos, adopta un papel de salvadora de Gonzalo”, cuenta Eva María. Según va avanzando la novela, el protagonista va sufriendo un cambio progresivo. Todo le molesta y cada vez se va volviendo más violento. “Va entrando en otro aspecto de la locura”, señala, en un mundo más onírico, donde se terminan distorsionando los sentidos y se termina convirtiendo en una obsesión.
Muchos de los personajes del libro tienen ese comportamiento y el título del libro, Relojes muertos, viene precisamente del comportamiento de Herminia, una mujer a la que se le muere el hijo y ella lo sigue viendo en otra persona. “Son personas que están muertas en vida, que viven una vida que no es real”, sentencia la escritora. Son esos los “Relojes muertos”, los que no dan la hora de una vida que no se quiere vivir.
En su próxima novela, que ya tiene terminada, ha cambiado de registro totalmente. “Me ha salido una novela radicalmente humorística”, especifica. De momento la dejará reposar, pero escribirla le ha valido para desconectar totalmente de la primera, en cuya promoción, en estos momentos, está muy volcada.
Puedes comprar el libro en:
Fuente:www.todoliteratura.es/noticia/7972/ENTREVISTAS/Entrevista-a-Eva-Maria-Medina-autora-de-Relojes-muertos.html
sábado, 31 de enero de 2015
RESEÑA DE "RELOJES MUERTOS" EN ABRIR UN LIBRO
…
Cuando empecé a leer Relojes Muertos, lo primero que me sorprendió del libro -aparte del título, ya de por sí algo melancólico e impenetrable-, fue el estilo narrativo de su autora, Eva María Medina, a la que leía por primera vez: las oraciones eran cortas, muy cortas, provocando con ello una sensación de lenguaje contundente sin necesidad de expresar de forma explícita palabras duras. El texto, aunque directo, lleno de nudos que se antojaban cada vez más rotundos. Y todo ello narrado en primera persona por el protagonista con una voz aturdida y desconcertada.…
Poco a poco, me fui introduciendo en una historia extraña -ya sé que la palabra ‘extraña’ no debería aplicarse en una reseña pero no puedo por menos que exponer lo que pensé y más adelante mi intención es aclararlo-, y me invadió una creciente curiosidad por conocer más sobre esta historia.
…
Gonzalo es dado de alta del hospital psiquiátrico donde se encuentra ingresado. Su nueva vida parece ir sobre ruedas: se incorpora al trabajo, empieza una nueva relación… Sin embargo, la vida le va ofreciendo señales que él no puede descifrar y lo que es más complejo, ni quiere ni puede obviar.
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Mientras leía Relojes muertos, la sensación de inquietud y de congoja no me soltó durante todo el libro que, aunque relativamente corto, 165 páginas, me desasosegó durante su lectura. Conocer las voces que pueblan la cabeza de Gonzalo, sus no-recuerdos, y el aislamiento que le producen según que equívocos hechos -que sólo tienen sentido para él-, de manera obsesiva, eran suficiente para engancharse a esta novela que, aunque singular, me llamaba poderosamente la atención.…
Relojes muertos me atrapó por ese ‘sin sentido’ al que pueden llegar las personas que han padecido o padecen algún tipo de enfermedad mental. La falta de percepción de la realidad del protagonista llega hasta el lector de manera decisiva. Eva María Medina ha conseguido en una novela apenas sin diálogos y con muchos, y complejos, recovecos en la mente de Gonzalo, recrear a la perfección el tiempo muerto del protagonista logrando una sensación casi asfixiante en toda la novela, poblada de mundos sombríos y de personas opacas que esconden delirios.…
jueves, 29 de enero de 2015
ENTREVISTA EN "CREATIVIDAD LITERARIA"
EVA MARÍA MEDINA: “TENÍA QUE ESCRIBIR LA MEJOR NOVELA QUE MI TALENTO Y TRABAJO ME PERMITIESEN”
Juan Manuel de Prada relata en su prólogo que os conocisteis en un curso de narrativa que él impartía. ¿Qué aprendizaje has tenido como escritora? ¿Qué crees que aportan ese tipo de talleres?
Realicé un taller de escritura creativa en el que practicábamos las técnicas narrativas sirviéndonos de modelo relatos de grandes escritores. Cuando finalizó el taller, seguí escribiendo, leyendo, analizando textos de otros autores; todo esto unido a mi propia experiencia vital. Considero que este tipo de talleres acelera el proceso de aprendizaje, ayudándote a ver, de un modo objetivo y profesional, los errores más frecuentes del escritor principiante.
¿Cuándo y por qué empezaste a escribir esta novela?
Fue hace ocho años, al escribir un relato sobre la locura. Esta historia continuó dando vueltas en mi cabeza. Tuve que abordarla de manera más amplia, lo que me llevó a la novela.
¿Cómo te organizaste para escribirla? ¿O te dejaste llevar sin ningún esquema?
Aunque suelo tener claro el principio y el final de cada historia, en el acto de escribir se va desarrollando la trama y van surgiendo bifurcaciones por las que nunca hubiera pensado que caminaría. Esto es lo mágico de la escritura, los descubrimientos que vas haciendo a medida que te adentras en la historia. En Relojes muertos hice la estructura capítulo a capítulo, aunque fue más un trabajo de escenas y de ir uniendo las piezas de un puzle intrincado.
Entonces, alguno de tus personajes o tramas varió respecto a lo que tú tenías planteado en un primer momento, ¿verdad?
Por supuesto, la escritura es algo vivo que tú vas dando forma a medida que vas abordándolo. Por ejemplo, algo que parece tan nimio como el nombre de los personajes varió. También la estructura, la novela comienza en el tercer capítulo, y esos dos primeros capítulos pasaron a formar parte de visiones, recuerdos y premoniciones de Gonzalo, el personaje principal. Hubo capítulos que tuve que eliminar y, personajes —como el vecino del quinto, el mimo, o el viejo del reloj— que fueron surgiendo durante el proceso de escritura.
¿Cómo fue la evolución y cuál tu experiencia personal durante su escritura?
Experimenté sensaciones contradictorias. Hubo momentos de euforia, al descubrir una trama secundaria o un personaje, y de desaliento, cuando el material se me iba acumulando y me costaba dar sentido y coherencia al texto.
Al tratarse de tu primera novela, ¿fuiste muy autocrítica? ¿En algún momento pensaste que lo que estabas haciendo no merecía la pena?
No solo por ser mi primera novela sino también por mi carácter —perfeccionista y extremadamente exigente— fui muy autocrítica. Tenía que escribir la mejor novela que mi talento y trabajo me permitiesen. En muchas ocasiones el proyecto me desbordó, porque al esfuerzo de aprender a escribir una novela se unía el reto de meterme en la piel de un esquizofrénico y contar la historia en primera persona.
¿Cómo fue el proceso de revisión y reescritura?
Arduo, una novela requiere una disciplina de trabajo muy severa. Trabajé el texto durante meses, años, lo dejé reposar un tiempo, volví a trabajar en él, dejándolo de nuevo en reposo, lo retomé de nuevo, mes tras mes, año tras año, hasta dejar de ver errores. John Gardner en su libro Para ser novelista considera que para las verdaderas novelas no hay sustitutivo de la maduración lenta, muy lenta, y yo opino que esta es la única manera de abordar un proyecto serio.
En ocasiones cuesta poner el punto final. ¿Cómo fue en tu caso?
Creo que cuando el autor ya no puede hacer nada más por el texto debe, humildemente, poner el punto final. Pero esto cuesta mucho porque nunca estás satisfecho. Cuando relees la novela, pasado un tiempo, siempre descubres errores y piensas en las mejoras que podrías hacer.
¿Aprendiste algo que no supieras de antes como escritora de relatos?
Primero, advertí las diferencias entre estos dos géneros literarios. Mientras que el cuento actúa por condensación, la novela procede por acumulación. El rasgo principal del relato es la intensidad. La novela acepta digresiones y estas pueden ser su sustancia. Una novela admite la creación de atmósferas muy diversas, no así el cuento que debe tener su propia atmósfera.
Después, afronté el trabajo que requiere una novela: documentación y preliminares, elección del tono general que unificara el texto dándole unidad, elección del narrador y el punto de vista, lógica interna, personajes, niveles de realidad… Sin olvidar las palabras de Virginia Woolf: «Una buena novela es cualquier novela que le hace a uno pensar o sentir. Tiene que meter el cuchillo entre junturas del cuero con el que la mayoría de nosotros estamos recubiertos. Tiene que ponernos quizás incómodos y ciertamente alerta. El sentimiento que nos produce no tiene que ser puramente dramático y por tanto propenso a desaparecer en cuanto sabemos cómo termina la historia. Tiene que ser un sentimiento duradero, sobre asuntos que nos importan de una forma u otra».
¿Cómo lograste que la editorial Playa de Ákaba accediera a publicar tu libro? ¿Llamaste antes a muchas otras puertas?
Llamé a muchas puertas, sin conseguir ningún resultado. Entonces, Lorenzo Silva y Noemí Trujillo lanzaron una nueva editorial, Playa de Ákaba. Envié el manuscrito a la editorial y, después de un año, cuando ya había aceptado que Relojes muertos no se publicaría, Noemí Trujillo se puso en contacto conmigo comunicándome que mi novela era una gran novela y quería publicarla.
Muchos noveles recurren ahora a la autoedición, ¿tú te lo planteaste?
No, nunca llegué a planteármelo porque considero que es el editor el que tiene que apostar por el texto y su autor. Lo veía, y lo sigo viendo, un filtro necesario.
Ahora estás finalizando tu segunda novela. ¿Qué período de transición necesitaste para pasar de una historia a otra?
Creo que al terminar un proyecto en el que has empleado tanto tiempo y energía necesitas un periodo de barbecho (leer, pasear, pensar en otros temas…). Y es durante este tiempo cuando te surge otra historia que necesitas contar.
¿Has variado algo respecto a Relojes muertos?
Por supuesto, después de escribir una novela adquieres un dominio mayor del material narrativo (el ritmo, la construcción de escenas, la caracterización de personajes, la atmósfera, el tono…) y esto te ayuda a afrontar el siguiente proyecto sin tanto temor.
¿Y de qué tratará tu siguiente libro?
Del alcoholismo, me interesa escribir sobre el sufrimiento humano, por lo que estas situaciones marginales y de exclusión social estarían dentro de ese «gran» tema.
Para aquellos que no te conozcan, ¿cómo definirías tu estilo? ¿Y a base de qué lo has ido construyendo?
Considero que el estilo literario va muy unido a la historia que quieres contar. El estilo fracasa si no se amolda a la sustancia de lo que se cuenta. Fondo y forma son indisolubles. Me resulta muy difícil analizar lo que escribo o del modo que lo escribo. Además, no sé realmente si todavía tengo un estilo propio. Raymond Carver consideraba que un escritor que poseyera una forma especial de contemplar las cosas, y que supiera dar una expresión artística a sus contemplaciones, tardaba en encontrarse. Quizá todavía sea pronto.
miércoles, 28 de enero de 2015
RESEÑA DE "RELOJES MUERTOS" EN EL BUSCALIBROS
Me sentía tan bien, como si acabase de poner la última pieza a un puzzle de mil o dos mil piezas. Sin preocuparme por si habría alguna debajo de la mesa o del sillón, porque las tenía todas.
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Relojes Muertos es la primera novela de Eva María Medina, escritora madrileña autora de libros de cuentos como Sombras (Editorial Groenlandia, 2014) o Relatos en libertad (Anuesca, 2014), y que ahora da el salto a un formato más extenso. Aún así, se trata de una novela corta que no llega a las 200 páginas. Y es que ya se sabe, lo bueno si breve, dos veces bueno.
Pese a tratarse de su primera novela, Eva María Medina no ha elegido un tema fácil o cercano, sino que se propuso el reto de introducirse en los vericuetos de una mente atormentada por la locura, por el delirio. La mente de un enfermo de esquizofrenia que, tras salir del hospital, intenta construir (o reconstruir) su propia vida en esta sociedad. Sin embargo, acciones cotidianas como ir a trabajar, salir a la calle o tener pareja, se vuelven tremendamente complicadas para él. Ésta es la historia de un hombre que intenta dar sentido a una existencia marcada por una mente enferma.
En el texto se mezclan percepciones sensoriales, visiones, con pensamientos. Se confunde lo real con lo imaginario, siendo difícil reconocer si lo que estamos leyendo pertenece al terreno de los sueños, de la imaginación o si verdaderamente esas imágenes extrañas y fantásticas están siendo vistas por los ojos del personaje. La lectura te transporta a ese nivel de confusión, mimetizando nuestra propia mente con la del protagonista, introduciéndonos dentro de él.
Por las páginas de esta novela se pasean personajes que han dejado de entender el significado de su vida, que viven por inercia por el simple hecho de que están vivos. Pero, ¿acaso no nos hemos sentido todos alguna vez así? Cordura y locura están muy cerca, y muchas veces identificaremos como propios esos comportamientos incoherentes y dañinos.
Texto arriesgado, valiente e imprevisible. Eva María Medina hace uso de un estilo diferente, que llama la atención por el uso reiterado de frases cortas, y que consigue un ritmo ágil. Relojes muertos es una novela muy bien construida, recomendable para todos aquellos que sientan curiosidad por introducirse en lo más oscuro de nuestra mente y nuestra naturaleza.
![]() INMA HERENCIA Fuente: http://www.el-buscalibros.com/2015/01/relojes-muertos-de-eva-maria-medina.html#.VMjsVlqm4zU |
sábado, 24 de enero de 2015
domingo, 21 de diciembre de 2014
PRESENTACIÓN DE "RELOJES MUERTOS" EN FNAC CALLAO
El próximo día 22 de enero de 2015 a las 19:30 presento mi novela Relojes muertos (Playa de Ákaba, 2015) en el FNAC de Callao, Madrid. Me acompañarán los escritores Juan Manuel de Prada (que prologa el libro) y Lorenzo Silva.
Fnac Callao
viernes, 19 de diciembre de 2014
RESEÑA DE "RELOJES MUERTOS" EN TRABALIBROS
Tras leer la novela de Eva María Medina una duradera e inquietante sensación permanece en el interior, la de haber sido espectador de personajes existiendo en la no vida. Como así sucede con el protagonista, cuyo tiempo transcurre muerto.
La novela se desarrolla ante nuestros ojos a una velocidad fílmica, alcanzando cada uno de sus párrafos hondos pliegues del alma como la impresión recibida ante una buena película. Sirviéndose de una narrativa brillante y perspicaz, nos introduce en el culto al delirio. Porque el protagonista, desde su personal voz, nos habla de su propia incomprensión y caos existencial.
En esta historia abundan personajes atormentados con vidas desistidas y son ellos quienes acompañan ese tiempo muerto donde se suspenden sus existencias. Existencias de unos y otros mecidas por el vaivén de la temible esquizofrenia, mundo donde toda realidad coexiste absorbida por un vórtice coherente en su atroz vorágine, e incoherente para quienes observan en la comodidad del insolidario silencio al otro lado del espejo.
El delirio visto desde dentro, comprendido por nosotros los lectores, incomprendido por el narrador, nos ofrece un tratamiento del tema original y un exquisito ejercicio narrativo, de gran precisión, y de perfecto control sobre el relato.
El texto es una composición de poderosas imágenes al servicio de la metáfora, como en el caso del mimo en el Retiro, contemplado en secreto. Ellas nos hablan de prisiones y encarcelamientos emocionales además de suponer momentos de inflexión para el personaje. Porque es entonces cuando emerge ese Madrid distorsionado para él, hermoso para nosotros, concluyendo en un fascinante resultado de emociones contrapuestas.
Además, poderosas descripciones de entornos y personas refuerzan ideas y aconteceres de esta novela dotándola de una calidad literaria indiscutible. La autora sumerge a sus lectores en el complejo universo de una mente obsesiva, y confundida que se golpea a sí misma con cada suceso como el tictac de un reloj fanático, consiguiendo con ello, una tremenda sensación al pasar cada página, ¿pues qué esperanza tiene un reloj descontrolado? No demasiada.
De igual modo sucede con el protagonista, ¿qué vida tiene? Ninguna, pues es imposible vivir así. Sin embargo su corazón continúa latiendo como una máquina con el alma desencajada. Debe seguir avanzando pues, el alma confundida en los delirios de la mente y el cuerpo sin estímulos, incapaz de sentir. Por eso su tiempo transcurre muerto, como el de los relojes golpeados, cuyas manecillas a lo mejor siguen avanzando en torpes intentos desacompasados, porque en realidad su mecanismos ya hace tiempo que están muertos.
Así es, Relojes muertos.
En esta historia abundan personajes atormentados con vidas desistidas y son ellos quienes acompañan ese tiempo muerto donde se suspenden sus existencias. Existencias de unos y otros mecidas por el vaivén de la temible esquizofrenia, mundo donde toda realidad coexiste absorbida por un vórtice coherente en su atroz vorágine, e incoherente para quienes observan en la comodidad del insolidario silencio al otro lado del espejo.
El delirio visto desde dentro, comprendido por nosotros los lectores, incomprendido por el narrador, nos ofrece un tratamiento del tema original y un exquisito ejercicio narrativo, de gran precisión, y de perfecto control sobre el relato.
El texto es una composición de poderosas imágenes al servicio de la metáfora, como en el caso del mimo en el Retiro, contemplado en secreto. Ellas nos hablan de prisiones y encarcelamientos emocionales además de suponer momentos de inflexión para el personaje. Porque es entonces cuando emerge ese Madrid distorsionado para él, hermoso para nosotros, concluyendo en un fascinante resultado de emociones contrapuestas.
Además, poderosas descripciones de entornos y personas refuerzan ideas y aconteceres de esta novela dotándola de una calidad literaria indiscutible. La autora sumerge a sus lectores en el complejo universo de una mente obsesiva, y confundida que se golpea a sí misma con cada suceso como el tictac de un reloj fanático, consiguiendo con ello, una tremenda sensación al pasar cada página, ¿pues qué esperanza tiene un reloj descontrolado? No demasiada.
De igual modo sucede con el protagonista, ¿qué vida tiene? Ninguna, pues es imposible vivir así. Sin embargo su corazón continúa latiendo como una máquina con el alma desencajada. Debe seguir avanzando pues, el alma confundida en los delirios de la mente y el cuerpo sin estímulos, incapaz de sentir. Por eso su tiempo transcurre muerto, como el de los relojes golpeados, cuyas manecillas a lo mejor siguen avanzando en torpes intentos desacompasados, porque en realidad su mecanismos ya hace tiempo que están muertos.
Así es, Relojes muertos.
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