Su mecanismo se ríe de ti, de todos nosotros. Hay que terminar con ellos, nos están contaminando con sus minutos, nos adormecen con sus cuartos, las horas nos ahogan. Créeme, tú eres pequeño y sabes menos de la vida, yo ya he pasado por muchas dictaduras de esferas y manillas que ahora estarán oxidadas.
¡Relojes, harpías del tiempo! ¡Relojes, harpías del tiempo!

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lunes, 13 de noviembre de 2017

OVACIÓN Y VUELTA AL RUEDO




 En una sala fría, un hombre serio, con bata y guantes blancos, observa a una serpiente con la cabeza machacada. El hombre pone música clásica. Coloca al reptil en una posición ventrodorsal y, con un bisturí, hace una incisión desde el cuello a la cloaca. Suda. Suda mucho. Frente, cejas… Con la manga de la bata, se quita el sudor. No dañaré ningún órgano, piensa. Con pinzas y tijeras, separa piel y músculos. Lo hace con mimo, casi con cariño. Al terminar, admira su trabajo. Limpia la mesa y coloca una lámina de corcho del tamaño del animal. Encima de la lámina sitúa el cadáver. Coge unos alfileres gruesos y pincha la piel, uniéndola al corcho. Despacio, con paciencia; siguiendo el curso de aquel cuerpo alargado. Primero, el lado izquierdo; después, el derecho. Al concluir, hace unas fotografías. Apaga la música y enciende una videocámara. Comienza la grabación. Expone las características del ofidio, añadiendo que ese ejemplar les llegó con la cabeza machacada. «Normalmente mueren de causas naturales.» Señala los órganos. «La tráquea», dice, «está formada por anillos cartilaginosos incompletos, su porción ventral es rígida y el extremo dorsal es de naturaleza membranosa.» Fija la vista en el pulmón derecho y lo señala. «Casi abarca todo el cuerpo.» Secreciones, mucosidad, un color blanquecino demasiado rojo. Mira a la cámara y habla de ello. Problemas respiratorios, piensa. Muestra el izquierdo, más pequeño, diciendo que el funcional es el derecho. No así en el resto de reptiles. Con las pinzas mueve el corazón, mostrando ventrículo y aurículas. «Esta movilidad», indica luego, «facilita el paso de la presa por el esófago». Se imagina cómo esa telilla tan fina, se dilata y por ahí pasan ratones, sapos, pájaros… Una digestión que puede durar días, incluso meses. Muestra el tubo digestivo; de la boca a la cloaca. Explica que el jugo gástrico de las serpientes, al tener un pH muy ácido, le permite digerir los huesos de sus presas. Con las pinzas palpa el estómago, que tiene aire dentro. Se fija en unos puntos blancos, posibles parásitos, y hemorragias. Más golpes, piensa. «No hay cuerpos de grasa. Está muy por debajo de su peso. El hígado parece sano.» Sitúa la vesícula biliar junto al páncreas y el bazo. Muestra dos riñones lobulados. Al dar con los ovarios, comenta que es hembra y explica las diferencias. Añade algo sobre los intestinos y se despide. 
Apaga la videocámara. Se enjuga el sudor y pone la música. Cierra los ojos. Los arpegios lo envuelven. Se quita los guantes y se acerca al reptil. Palpa los anillos cartilaginosos de la tráquea. Tan flexible, tan elástica. La rodea con los dedos y se ríe, mostrando unos dientes pequeños. Luego, hinca sus uñas y aprieta. De un tirón, la arranca. Se lleva un extremo a la boca y, con los dedos ligeramente arqueados, toca. Allegretto. Tres por cuatro. Laa sol si la sol si laaaaa sool fa sol fa mi reeeee… Cuando se cansa, tira la tráquea al suelo y escruta el cadáver. Coge las pinzas que mueve como si dirigiese una orquesta. Detiene el brazo y, fijándose en la víctima, lo extiende como si blandiera una espada. Clava las pinzas en el hígado. Una y otra vez, hasta despedazarlo. Quedan trozos pegados a sus dedos que se limpia con el trapo. La melodía le deprime. Hay que seguir, seguir… Ahora agarra… las tijeras y trocea la vena cava. Se excita. Imposible parar. Mete los dedos en el estómago. Acaricia sus paredes musculares. Aplasta con los nudillos la vesícula biliar, ese saco verde que le repugna. Extirpa ovarios, riñones, páncreas y bazo. Luego, taconea sobre las masas viscosas con zapatos grandes y negros. Oye los aplausos. Escucha los oles, que braman. Se debe a su público. Coge los instrumentos. En la mano izquierda, las tijeras; en la derecha, el bisturí. Acerca las manos y alza los codos. Se sitúa frente al animal. Con los pies juntos inclina el cuerpo hacia un lado, da un salto, y clava tijeras y bisturí en el tubo digestivo. Aplauden, gritan. Saluda a la afición. Sujeta el trapo por la espalda con ambas manos, da medio giro, y lo levanta deslizándolo por el lomo de la serpiente. ¡Olé! El hombre se pone de rodillas con el trapo extendido sobre el suelo. Lo alza pasándolo de izquierda a derecha sobre la cabeza del reptil. ¡Olé, olé! Se levanta y saluda. Gritan su nombre, lo quieren. Tras un pase de pecho, sabe que no puede retardarlo más. Coge el bisturí y se concentra. Mira a la serpiente. Le corre un sudor frío. El estoque de muerte. Se lo debe. A su público. Se lo debe. Segundos, apenas unos segundos, y el hombre atraviesa el corazón del animal y lo extrae. Oye los vítores, las ovaciones. Se pasea por la sala empuñando el bisturí con el corazón ensartado. La multitud agita pañuelos blancos. El presidente otorga la lengua. El hombre abre la boca aporreada de la serpiente, estira la lengua del reptil y le da un tijeretazo. Rodea la mesa de zinc alzando la lengua bífida. El público brama. Le tiran claveles, tangas rojos, negros que coge y huele mientras piensa en la próxima disección.

Este texto está incluido en mi nueva novela, que fue finalista del 37º Premio Herralde y publicada por Odelia Editora en octubre de 2024. El libro puede adquirirse en papel tanto en las librerías de Argentina como a través de la web de la editorial y, en formato electrónico, en distintos sitios de internet como google books, fnac, apple books... 






https://books.google.es/books/about/La_historia_sin_fin.html?id=z648EQAAQBAJ&redir_esc=y                                                                                      

domingo, 21 de diciembre de 2014

PRESENTACIÓN DE "RELOJES MUERTOS" EN FNAC CALLAO

El próximo día 22 de enero de 2015 a las 19:30 presento mi novela Relojes muertos (Playa de Ákaba, 2015) en el FNAC de Callao, Madrid. Me acompañarán los escritores Juan Manuel de Prada (que prologa el libro) y Lorenzo Silva.

viernes, 19 de diciembre de 2014

RESEÑA DE "RELOJES MUERTOS" EN TRABALIBROS






Tras leer la novela de Eva María Medina una duradera e inquietante sensación permanece en el interior, la de haber sido espectador de personajes existiendo en la no vida. Como así sucede con el protagonista, cuyo tiempo transcurre muerto.
La novela se desarrolla ante nuestros ojos a una velocidad fílmica, alcanzando cada uno de sus párrafos hondos pliegues del alma como la impresión recibida ante una buena película. Sirviéndose de una narrativa brillante y perspicaz, nos introduce en el culto al delirio. Porque el protagonista, desde su personal voz, nos habla de su propia incomprensión y caos existencial.
En esta historia abundan personajes atormentados con vidas desistidas y son ellos quienes acompañan ese tiempo muerto donde se suspenden sus existencias. Existencias de unos y otros mecidas por el vaivén de la temible esquizofrenia, mundo donde toda realidad coexiste absorbida por un vórtice coherente en su atroz vorágine, e incoherente para quienes observan en la comodidad del insolidario silencio al otro lado del espejo. 
El delirio visto desde dentro, comprendido por nosotros los lectores, incomprendido por el narrador, nos ofrece un tratamiento del tema original y un exquisito ejercicio narrativo, de gran precisión, y de perfecto control sobre el relato.
El texto es una composición de poderosas imágenes al servicio de la metáfora, como en el caso del mimo en el Retiro, contemplado en secreto. Ellas nos hablan de prisiones y encarcelamientos emocionales además de suponer momentos de inflexión para el personaje. Porque es entonces cuando emerge ese Madrid distorsionado para él, hermoso para nosotros, concluyendo en un fascinante resultado de emociones contrapuestas.  
Además, poderosas descripciones de entornos y personas refuerzan ideas y aconteceres de esta novela dotándola de una calidad literaria indiscutible. La autora sumerge a sus lectores en el complejo universo de una mente obsesiva, y confundida que se golpea a sí misma con cada suceso como el tictac de un reloj fanático, consiguiendo con ello, una tremenda sensación al pasar cada página, ¿pues qué esperanza tiene un reloj descontrolado? No demasiada.  
De igual modo sucede con el protagonista, ¿qué vida tiene? Ninguna, pues es imposible vivir así. Sin embargo su corazón continúa latiendo como una máquina con el alma desencajada. Debe seguir avanzando pues, el alma confundida en los delirios de la mente y el cuerpo sin estímulos, incapaz de sentir. Por eso su tiempo transcurre muerto, como el de los relojes golpeados, cuyas manecillas a lo mejor siguen avanzando en torpes intentos desacompasados, porque en realidad su mecanismos ya hace tiempo que están muertos. 
Así es, Relojes muertos. 


jueves, 30 de octubre de 2014

GENERACIÓN SUBWAY



 El metro se come a sus viajeros, masticándolos despacio, y después escupe restos de ojos, cejas, bocas, y algún zapato viejo. La línea que separa ficción y realidad se desdibuja. Lo fantástico escurriéndose entre paredes cotidianas.
 La necesidad de reinventarse cada día, de ese exilio cotidiano, verse al otro lado del cristal. Un cristal opaco, con manchas negras en los bordes. Un cristal en el que cuesta tanto reconocerse…
El mundo ‒infinito, inabarcable‒ cabe en un vagón. El viaje lo es todo. Los viajeros se sienten presos en lo finito, repeliendo lo cotidiano.
Reencuentros, libros, teorías, juegos, sueños… La felicidad cogida con pinzas en ese intentar escribir algo que atestigüe que la vida mereció la pena. Todo viaje lleva dentro el testimonio de lo marchito, de la muerte.
 La vida vista como un puzle viejo: las esquinas de muchas de sus piezas dobladas, el dibujo descolorido, algunas rotas, y faltan tantas… Y el conductor tan cansado de mirar las vías del tren.  


EVA MARÍA MEDINA MORENO
http://playadeakaba.com/?q=obras%2Fgeneraci%C3%B3n-subway-breve-volumen-1 

viernes, 30 de mayo de 2014

RELATOS EN LIBERTAD


La Antología RELATOS EN LIBERTAD continúa la línea inclusiva y plural del programa de edición y publicación de libros que viene encarando ANUESCA con la dirección de la escritora Harmonie Botella Chaves. Escritoras y escritores participantes muestran en esta obra las diferencias que sutilizan el oficio narrativo, a la vez que abren un abanico de poéticas diversas, enriquecedoras para lectora y lector, como sucede siempre con la diversidad de enfoque de saberes y de hacer. Pinta tu aldea, y pintarás el mundo, dice un refrán, aunque suele atribuirse su autoría al poeta y dramaturgo William Shakespeare y también al escritor ruso León Tolstoi. Los relatos de esta Antología ponen de manifiesto la sabiduría popular de ese decir que se siente anónimo y atemporal, ya que los textos seleccionados marcan rasgos identitarios desde un lenguaje castellano que por momentos se sumerge en vocablos, construcciones, poéticas y giros de distintas regiones hispanohablantes, en la frondosidad y capas en constante dinamismo que van constituyendo las comunidades, sus tradiciones y culturas. En esa búsqueda y afianzamiento de identidades, la Antología muestra formas lingüísticas propias, la mayoría no demasiado conocidas, al menos para mí, que tengo por norte el Sur en la otra orilla del Atlántico, y sin embargo resultan fácilmente comprensibles en el devenir de lectura. Los buceos por profundidades culturales, por los rizomas que interconectan raíces, dan a conocer inclusive ¡y en buena hora que así sea! modalidades de lenguas no romances provenientes de pueblos originarios. Tal es el caso de Francisco Lezcano-Lezcano en su relato EL PEQUEÑO ALGEGÜELLA: “El achuteiga, el guerrero de valor, sonrió”. “Algegüela temía que el vuelo de pájaro despavorido que sentía en su pecho, delatara su intención. Padre e hijo y la solidaridad de la comunidad de nativos frente a “la invasión hombres extraños, llegados sobre el mar en un gran pájaro blanco, eran muy peligrosos, mucho más que un tibicenas.” A las características distintivas mencionadas se agrega la del detalle, la diferencia que nos marca y visibiliza, sea este relieve proveniente de investigación y género en una historia de vida excepcional, como lo es la de MARJIA SKLODOWSKA, UNA MUJER DIFERENTE, de Harmonie Botella; el humor, realismo y picardía de MILAGRO EN EL CAMINO DE SANTIAGO, de Daniel de Culla; el juego ambivalente entre sueño/realidad en LA ÚLTIMA MISION de Vicente Palao, por no citar sino algunas de las variadas temáticas y estructuras textuales que ofrece el libro. Lo amatorio y testimonial vividos en territorios disímiles, subjetivos o geográficos, campean en narraciones como AZUL y MI RÍO, de Mirta del Carmen Gaziano de Bella, de Argentina, EL SÍNDROME DEL ADIÓS, de Nicolás Mateo, de la República Dominicana, o EL CAPITÁN ENZO PALAZIO de Remedios de Los Ángeles Climent, de El Campello. Los siempre interrogantes acerca de los misterios de la muerte y de la vida cruzan intertextualidades desde el tratamiento micro o macro, con presencia constante del claroscuro del ser humano, sus relaciones, sus máscaras. Estas temáticas se desgranan y apelan al lector en relatos como MIS OTRAS VIDAS de Manolo Condevolney; El MODELO de Miguel Ángel Garrido; SIMPLEMENTE LA VIDA de Violeta Gambín Sevilla; VENCER AL MAR, de Manoli Lorente Lax; TAN FRÁGIL COMO UNA HORMIGA SECA, de Eva María Medina Moreno; LA ESPADA DE ZENITH de Cristián Mínguez o RECORDAR EL OLVIDO, de Irene Mercedes Aguirre, de Avellaneda, Bs.As., dan cuenta de episodios sociales que aún siguen siendo parte de la sombra, sin distinción de fronteras o continentes, de nuestro llamado mundo globalizado Invito a lectoras y lectores a acompañar esta nueva apuesta a la lectura activa que realiza ANUESCA con RELATOS EN LIBERTAD, libro que cuenta con escritoras y escritores que arriesgan su palabra ficcional desde Barcelona, Madrid, El Campello, Alicante, Canarias, Murcia, Aragón o Entre Ríos, Buenos Aires y Neuquén de Argentina, República Dominicana y Piura de Perú.
     
Lilí Muñoz
Ciudad de Neuquén, Provincia del Neuquén, Patagonia, Argentina.
Delegada de ANUESCA en Patagonia

martes, 25 de febrero de 2014

RESEÑA DE "EL FRÍO DE LA FE", DE JAVIER FLORES LETELIER, POR EVA Mª MEDINA MORENO

Javier Flores Letelier da voz a un hombre enfermo, rabioso. Un hombre que siente la necesidad de golpear contra las bestias de los vitrales. Que quiere ver la tumba de su hijo, construida con sus manos. Que busca su cadáver y encuentra el reflejo de un mal endémico. Lluvia estancada, hogares incendiados, sed y hambre, guerrillas, drogas y dioses. Tierra ilícita y quebradiza.
Aunque la memoria se lleve trozos de su piel, el poeta clava sus uñas en la tierra donde llegaron los conquistadores perdidos. Nos habla del dictador que sigue aleccionando detrás del cristal de sus retratos, de la resignación del condenado, de esas cicatrices que han sobrevivido después de tantos años. La memoria vista como la mayor de las bestias.

La esencia cálida del carbón en el viento
tocó la frente del condenado antes del sonido de los disparos
rasgando la madera pálida donde el retrato del dictador
alecciona a las generaciones venideras a mantener un férreo silencio
frente a la violación del prójimo
para ser dignos del llanto de los camposantos.
La sangre llenó la visión de la luz bajo cada roca,
las alas imaginarias de los terrenos devastados,
el ruedo del alma de las máquinas
impregnadas con el olor de los alimentos descompuestos
que las criaturas perseguidoras del sol de la frontera
cargan en sus consciencias.
La aurora del humo se inflama
y los que han sobrevivido observan sus cicatrices
como a imperios malditos que no desaparecerán;
la memoria es la mayor de las bestias.
La sangre invade todo el poemario; la de los heridos, la de los muertos, la de los que están aún por nacer. Sangre enferma ‒como la de nuestro poeta‒ derrochada por el culto a los dioses, por la ignorancia de los mártires. «El depredador no ataca en nombre de la moral», nos dice, «que redime la culpa por la pobreza, /lo hace desde el frío de la fe.»
Javier Flores Letelier reflexiona sobre la dignidad de la venganza, la necesidad de pedir perdón por los errores de nuestros antepasados, y esa exigencia morbosa de castigo en, los que considero, los mejores poemas del libro.

No vayas hacia la matriz de la ternura.
Aliméntate desnudo
en la tierras quebradizas
de la ciudad
sacrificada hasta la ceniza
de cada mordida del aire vívido
en su significado animal.
Verás que sabes pelear
como si el hierro nunca hubiese sido forjado.
Mantén el rostro amenazante
en la dignidad de la venganza
para que la inocencia sea obvia
ante quienes han vivido contigo
aquellos tres segundos indivisibles
de la cruz en llamas en los murallones.
No vayas hacia la luz ahora,
ya hace mucho antes de la caída
habías recibido la pronunciación de la profunda quebrada
en la libertad de las pesadillas,
la redención del espectro salvaje
en el rostro del niño del pecho partido,
la prima trashumancia en la vertiente de lo indígena y lo sacro.
Cada nuevo siglo pedimos perdón
por lo hecho por nuestros antepasados
a quienes eligieron
no confinar hacia el murmullo herido
de los símbolos ocultistas
la necesidad de golpear contra las bestias de los vitrales
y fueron expuestos
en el diagrama del cinismo
del sello público
como las facciones bifurcadas del origen
ante el que nos inclinamos,
pedimos perdón por lo hecho
por nuestros antepasados a nuestros antepasados,
por las amenazas pregonadas desde las cúpulas
que nos aleccionan en el presente
con la excusa del aviso de lo increado
en los antiguos restos.
Cada nuevo siglo, en el terror
del vértigo de la presencia
castigamos a quien
cruzado por los estigmas
del hierro degradado
representará la sabiduría abandonada
en el morbo de la esencia
pulverizada
de la visión de los mundos
concretos
en los que se fragmenta el metal
de la mente
por la incertidumbre peregrina
de la religión de las ciudades devastadas,
la túnica petrificada envolviendo
al animal, mortaja
y materia en la reflexión
del indigente que mira receloso la desconfianza
con la que fingen contemplarlo,
el deber con el que lo buscan
para golpearlo y exhibirlo públicamente
en nombre de la gracia del camino
que traza su cuerpo magullado.
El poeta quiere huir de la muerte, que se esconde detrás de los objetos; esos «objetos de la memoria que tienen su propio olor». Rememora un pasado de crímenes, vejaciones, tras la sonrisa envejecida de aquella mujer a la que una vez amó. Quiere «mantener el dolor en el fuego de los pómulos». Busca sus raíces, su rostro, en lo indígena, en lo sacro. «Necesita incendiar el imperio, ver la estructura metálica exhibida cadente, impredecible…». Se convierte en asesino mientras frota «el agua contra la herida pero la hemorragia no cede». Y escucha, como esos rapaces desvestidos, «los lamentos de los fieles cuando encuentran los milagros/ en el castigo de las figuras envueltas en llamas».

martes, 14 de enero de 2014

EPÍLOGO DE "CUENTO Y APARTE" DE JUAN CRUZ

Epílogo de Cuento y aparte de Juan Cruz 
Por Eva María Medina Moreno

Un hombre amnésico vomita notas de libros hasta quedarse vacío. Otro hombre se pierde en el color de un cuadro. El dolor engendra locura. A Elías le gusta caminar por los bordillos, verse solo, poner en juego su yo más profundo. La soledad engendra locura. En una secta sus miembros quieren liberar al mundo de toda utopía. La realidad engendra locura.

«La muerte es inocente», nos dice el autor, «la muerte no aprieta el gatillo, no clava una estaca, la muerte no sabe abrir la espita de gas y tampoco te aplasta la cabeza de un martillazo». En «Holocausto» su protagonista ve en la muerte su forma de salvación.

La ficción se come a los personajes, masticándolos despacio, y después escupe restos de ojos, cejas, bocas, y algún zapato viejo. La línea que separa ficción y realidad se desdibuja; cuerpos que salen de los libros, tipos de letras que luchan para ser ellas las que cuenten la historia. Lo fantástico escurriéndose entre paredes cotidianas. 

La necesidad de reinventarse cada día, de ese exilio del que nos habla Juan Cruz; verse al otro lado del espejo. Un espejo opaco, con manchas negras en los bordes. Un espejo en el que cuesta tanto reconocerse… 


A Juan Cruz el mundo ‒infinito, inabarcable‒ le cabe en una mano; mano que cierra, apretando fuerte, muy fuerte, hasta ver trocitos de cabezas, de ropa, saliendo entre sus dedos. Si Dios no ha sido piadoso, piensa el escritor mientras sigue estrujando su mano, ¿por qué lo voy a ser yo?

El autor nos dice, «la carretera lo es todo. El paisaje también», mientras sus personajes se sienten presos en lo finito, repeliendo lo cotidiano. En «Literadura» un hombre dentro de un laberinto nos pregunta: «¿Cómo se puede habitar un camino?», y él mismo se contesta afirmando: «Se trata de hacer de la búsqueda un hogar definitivo». En «Negros» unos escritores intentan «robarle tiempo al camino».

Reencuentros, libros, teorías, juegos, sueños… La felicidad cogida con pinzas en el sabor erróneo de un café, y ese intentar escribir algo que atestigüe que la vida mereció la pena. «Toda creación», piensa el escritor, «lleva dentro el testimonio de lo marchito, de la muerte». 

La vida vista como un puzzle viejo; las esquinas de muchas de sus piezas dobladas, el dibujo descolorido, algunas rotas, y faltan tantas… Y el autor tan cansado de mirar debajo del sofá. http://issuu.com/revistagroenlandia/docs/cuento_y_aparte_juan_cruz_lopez2

sábado, 16 de noviembre de 2013

RESEÑA DE "SOMBRAS" EN ACANTILADOS DE PAPEL

Eva Medina MorenoSombras de Eva Medina
Sombras
Groenlandia Ed. Digital – (Madrid/Córdoba 2013)
Ideal para los lectores de relato oscuro. ¿Surrealismo, quizá? No sé… No estoy capacitada para manifestarme al respecto.
En mi opinión como lectora, sin tener en cuenta otros detalles más eruditos,Sombras es una recopilación de relatos donde la demencia toma la palabra para expresarse por sí misma, sin intermediarios. A través de sus páginas, realidad y alucinación caminan de la mano.
La autora ha empleado en su discurso oraciones cortas, con un gran despliegue descriptivo, tanto en lo referente al instante psicológico o de comportamiento como al subjetivo, de manera que el lector pueda apreciar perfectamente las sensaciones y emociones que se desean transmitir.
Desde el primer relato Tan frágil como una hormiga seca hasta el último Sombras que da título a este volumen, el lector se ve arrastrado hacia la idea misma. Vivirá en primera persona lo experimentado por el rechazo de una madre, las consecuencias del alcoholismo, el instante previo al suicidio y el despertar a intervalos de la pesadilla que supone la abstinencia cuando se trata de presentarle batalla.
En Sombras el lector no encontrará los finales felices, ni aquellos puntos de reflexión tras la lectura de otros géneros, pero no permanecerá indiferente ante lo que le es narrado. A mí, personalmente, y sin ser éste un género que me atraiga demasiado, he de confesar que me han impresionado muchos de los aspectos encontrados en este libro.
Al tratarse de una lectura digital, no me resulta fácil la recopilación de aquellos fragmentos o citas que más me llaman la atención. No obstante, he tomado notas de aquellos en los que me he detenido por merecerme especial interés en cuanto al léxico empleado y las expresiones metafóricas o comparativas, sobre todo, en el relato titulado Delirio:
« […] La ventana sigue allí, pero sueño que la estoy soñando… Traje hecho de piel. Piel enferma sobre piel enferma… Disfrazado de mí mismo… Las piernas endurecidas, como títere al que han cortado los hilos de los pies […]»
Éste que cito, Delirio, creo que es uno de los que más han captado mi interés. No quiere decir esto que el resto de relatos hayan pasado desapercibidos, pero, sin duda, la soledad, el miedo, la desorientación y otros conceptos abstractos, son mostrados aquí como si se tratase de objetos físicos expuestos en una vitrina a la vista del lector.
Esta definición de vitrina o escaparate podría muy bien aplicarla al resumen de éste, mi comentario sobre Sombras: Una vitrina donde predomina la obsesión y la vigilia se hace imprescindible; un escaparate en el que, el temor al descontrol de la propia voluntad, las consecuencias de la rutina, la mordaza del tiempo, el punto de partida sin salida desde ningún lugar, la decepción… dejan de ser de ideas para convertirse en sensaciones percibidas desde la distancia que media entre la pluma de la autora y la conciencia del lector.
Lola Estal